Viaje en el tiempo y recorra la historia de los hutongs en Beijing, los barrios entrelazados por callejuelas que los mongoles idearon hace más de 700 años.

Los historiadores de la ciudad de Nueva York suelen considerar Ciudad Gótica como el lugar de origen de la cuadrícula urbana, pero los hutongs—barrios entrelazados por callejuelas que los mongoles idearon hace más de 700 años—fueron los primeros vecindarios en seguir ese popular modelo citadino. Se dice que Bejing posee unos seis mil encantadores hutongs, pero desde los albores de la Revolución Cultural China, han ido desapareciendo con mayor rapidez que lo que toma pronunciar “Mao Zedong”. 

Ahora solo quedan más o menos unos 100 hutongs en la ciudad, a medida que grúas y trascabos los derriban para construir modernos rascacielos. Sin embargo, los preservacionistas chinos e internacionales claman por la salvaguarda de estos compactos barrios, por lo demás ecológicamente muy sustentables, que han comenzado a inspirar a ingenieros, diseñadores y arquitectos de todo el mundo (incluido el arquitecto holandés Rem Koolhaas, cuya fantástica torre de vidrio de la sede de la Televisión Central China (CCTV) eliminó unos cuantos hutongs cuando fue construida en 2007).

Un borrascoso día de noviembre me aventuré a visitar dos hutongs para poner a prueba su hospitalidad. Contraté los guías expertos de Imperial Tours para que me ayudaran a captar el distante pasado chino, pero sin pasar por alto su a menudo mal comprendido presente. El primer barrio fue el hutontg Sihuan, en el distrito Xicheng, donde se encuentra el mercado callejero administrado por el gobierno y adonde, desde siempre, los capitalinos acuden para comprar verduras o comer en la calle. El paseo por el mercado de Sihuan me permitió ver altos montones de nueces, semillas y fideos, hongos marrones que parecen cuernos de ciervos y rábanos del tamaño de calabazas. Devoré jiangbing, una crujiente crepa estilo Shandong, delgada como el papel pero que contiene lechuga, maní, col y una densa pasta picante de soya. Compré también una bolsa de granos de pimienta, color rosa intenso, de Sechuan, que me entumecieron la boca y me hicieron salivar en abundancia, así como una bolsa de una libra de bayas goji escarlata y pasas de un verde de jade, cuyo aspecto me puso de nuevo a secretar saliva.

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El segundo hutong que visité es, sin lugar a dudas, el más popular de Beijing. El hutong Yaer está sombreado por viejos árboles y flanqueado por la calle Yandaixie (calle de las pipas de fumar), que pasa por ser una de las calles más antiguas de la ciudad. Yandaixie comienza en la calle Di An Men Wai, cruza los hutongs Xiao Shi Pai y Yaer y conduce a los atractivos turísticos Di An Men y la Torre de la Campana y el Tambor, y a Houhai.

Si bien esta zona posee elementos turísticos y abundan las carretillas tiradas por humanos (rickshaws) que funcionan como taxis, usted podrá hacerse también una idea de la vida real de los hutongs de Beijing, en especial si se visitan a mediados de semana y al mediodía, como yo hice. Los templos, aunque abiertos, estaban vacíos y su quietud seducía; las tiendas de té y café acogían al viajero frío y mojado y los dependientes de las tiendas siempre se mostraban ávidos de comunicarse con potenciales clientes, aunque pocos hablan un segundo idioma. Algunos venden bolsas de cuero; otros, desatornilladores y martillos. ¡Qué agradable contraste con lo que la mayoría de los turistas ven en Beijing! Aquí no hay imitaciones de Louis Vuitton y sus agresivos vendedores, ni arquitectura que según las revistas de viajes es indispensable ver, ni artistas de las relaciones públicas. Esta es la vida del hutong en su mejor momento, y quizá también la de China. Nada glorificado o glamoroso; nada concretamente viejo o nuevo, sino la China real, la cotidiana, la auténtica, esa rara avis que todo el mundo todavía sigue buscando.

Esta experiencia histórica así como el recorrido denominado "Midnight in Peking Tour," coordinada con la empresa de viajes a la medida Boutique Beijing, pueden programarse directamente con el concierge de Four Seasons Hotel Beijing. Este paseo a pie a través del Pekín del pasado es dirigido por Lars Ulrik Thom, historiador danés y experto en esta ciudad a principios del siglo 20, recorriendo sus calles en la noche y descubriendo el tejido social y las historias verdaderas que fundaron al Pekín actual.

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